lunes, 12 de enero de 2009

PASAPORTE


Tomaré prestada su vida por unos instantes.

Cordero temeroso de cualquier suceso que ocurra distinto a lo que le es familiar. Espera el llamado, como si fuese el mismo San Pedro quien se encuentra detrás del escritorio; y le llama, sí, a usted le llama. Su rostro se ilumina y sus ojos dejan ver una alegría que despierta entre el nerviosismo y el pavor que se veía venir.

Y allí está usted, ante el lobo que pudiera comer sus esperanzas de un bocado, pero que seguro tiene su más grande oportunidad de llegar a una vida... a una verdadera vida.

Aquel lo mira de abajo hacia arriba: zapatos que le sostienen de hace un buen tiempo, pantalones repletos de arrugas, al igual que su rostro, chamarra que apenas y le da algo de calor ocultando en la terlenca su pequeño cuerpo consumido... sus manos, olvidaba sus manos, ellas muestran el arduo trabajo para llevar a la boca algo que calme el hambre.

No hay mirada más triste, pero tampoco la hay más ilusionada.

En un sobre entrega sus sueños con credulidad plena y de nuevo aguarda a su llamado.
Las sillas de atrás albergan unos cuantos murmullos de gente emperifollada hablando mal de uno y otro con mucha "sutileza"; más delante una mujer peleando con el aguerrido llanto de dos niños; a un lado una jóven pareja con un escazo vocabulario; una viejecita se sienta enfrente y en un costado se encuentra él.

Después de un rato lo nombran y se presenta el insignificante hombre, hace lo debido, vuelve y toma asiento.

Aún no lo puede creer. Quizás piensa... bueno, no daré opciones, yo qué puedo decir; sus pensamientos o la ausencia de los mismos quedarán en su mente y en sus propios recuerdos, eso es concreto.

Por última vez es mencionado, y ahora es real, ya no hay márgen de duda; toma en sus manos lo que tanto ha anhelado apretándolo fuerte y sin ser percatado por la audiencia, se va.

... Lo que su semblante no dejaba ocultar es que bajo aquella vestimenta insípida se encontraba la persona más feliz del recinto, y porqué no del mundo, al final de cuentas teniendo ese pedazo de consuelo en el bolsillo, podrá hacer suyo el universo entero.

AMOR EN VERSO




El crepúsculo te trajo ante mi puerta,
Como brisa acariciando mis mejillas,
Y vestido con ingenuas fantasías
Tu figura despertaba mi silueta.

Le has dado otro color a mi mirada,
Pintando mis pupilas de alegría,
Hoy huésped que a mi vida ha iluminado,
Alojas en tu manto mi sonrisa.

Amor, dulce candor que te alucina,
Temor a desvariar tras tu anestesia,
Jergón donde amortiguan mis tristezas
Y juegan mis más íntimos secretos.

Sin tregua, eres lluvia en primavera
Y los pasos que dibujan mis andanzas,
Ocaso en el reloj, solaz eterno,
Suspiro que se tiñe en mi estampa.

¡No huyas de esta flor que en ti se crece!,
¡No dejes tus desdenes en mis dichas!,
Amor, sin ti no hay son, ni melodía,
Bendita luz que a mí te trajo un día.

DULCE TESORO




Musa del verso que nunca acaba,
Que abraza al viento y besa mi cara,
Ella es el alba que anuncia el día,
Alegra el tiempo y trae poesía.

Es una lluvia que nunca escampa
Y es ese Sol que no descansa;
Luna que adorna el mes de Octubre,
Ella es el cielo que hoy me cubre.

Me dio el regalo de la existencia,
Me ha dado el mundo en un suspiro,
Y a cada rato su amor respiro,
Al ver sus ojos, todo lo olvido.

Ella es el ángel que está conmigo,
La llevo dentro, siempre presente,
Es una luz que alumbra el camino,
Guía mis pasos, vive en mi mente.

¡Ella es mi madre, y cuánto la adoro!,
Ella es la dueña de mis caricias,
Y mis anhelos, y mis sonrisas…
Mujer divina, ¡dulce tesoro!.