domingo, 28 de septiembre de 2008

LUCIÉRNAGAS



En un cielo de sábila, brillan como estrellas; muerto el sol abren sus alas y en el prado, al compás del viento, danzan.

Y aquí estoy, vistiendo una calma que penetra las ideas. Ante mi asombro se arma el cuadro del paisaje que suspira.
No hay más luz que el de su resplandor; son fugaces, mágicas, infinitas.

De pronto, rozan mis dedos, pasan veloces, no podría atrapar si quiera alguna... y se marchan. Se difuminan en un verde pintado de oscuridad que se ha vuelto el marco perfecto para un lienzo que esperaba ansioso ser decorado con el fulgor de las luciérnagas.

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